Confinación ideal de la vileza


700*600. Illustrator. 2011

La suerte de tratar con un vil es que basta apenas una ligera mueca para obligarlo a que se aleje, se calle o desaparezca.

El honor, propio de las voluntades heroicas y emprendedoras ha venido a tomarse un descanso entre las virtudes del hombre. Ahora, el servilismo —confundido por muchos líderes con lo primero—, común de las naturalezas viles y rastreras ha venido ocupando por mucho su lugar dentro de las sociedades modernas de consumo.

El peor enemigo del honor de un hombre es la vileza de otro.

Honorabilidad de oficina: de la misma naturaleza que la memoria de oficina: no existe. Comúnmente esta es la manera como dentro de una oficina podría calificarse los actos de vileza a través de los cuales suele buscarse con afán el beneficio inmediato: si el enemigo es mayor que tú, hazle creer que te le unes.

Como persona honorable no debes permitir que el egoísmo ocupe un lugar en tu corazón, así que no reprimas tus actos de valor y virtud: el vil te necesita para tener de qué hablar.

—El problema es que no soporto sus llegadas tarde… pero, pensándolo bien, cuando llega, tampoco agradezco su aparición.

La tierra que pisa un vil queda maldita. Sus acciones, por buenas que parezcan, dejan en los otros un sabor amargo y no hay nada de aquello que hagas para cumplir su voluntad que no deje en tu corazón un humor apestoso y recargado.

El hombre de honor debe ser capaz de descubrir cuál es su lugar y momento, para evitar flaquezas vanas en la cortedad de su trayecto hacia la virtud.

Parece injusto, pero a fin de cuentas, también verdad: el que inclina su vida por el sendero de la justicia parece destinado a verse rodeado de su carencia, he ahí lo honorable de su decisión.

Lo único que debes esperar cuando actúas con bondad es la bofetada de un acto vil en tu mejilla como respuesta, puede ser que nunca llegue —aunque lo dudo—, pero si lo hace no te tomará por sorpresa.

Revela una idea esperanzadora entre un séquito de viles y obtendrás por respuesta objeciones y reprobaciones.

¿Podría el agua fangosa y turbia aclararse y volverse cristalina sólo porque tú así lo deseas? Es cierto que la bondad se inclina hacia la esperanza, pero no cometas el error de transformarte en un imbécil mientras sueñas.

Quien toma por seria su labor no ríe sino hasta el final.

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