Humanidad reclamando su parte (each)


350*500. Illustrator/Photoshop. 2011

Cuando concebí “Humanidad reclamando su parte (each)” me vi inclinado a tratar el tema como un reclamo de respeto para aquellos invisibles, desvalidos, indefensos sectores de la sociedad —el nombre original de la obra era “Desde la humanidad reclamando“—, no obstante, la siguiente pregunta hizo detenerme a mitad del trabajo: ¿Y quiénes pues son aquellos de los que trato de hablar?

En la respuesta, incluso yo me encontré dentro, en el papel de afectado, pero también en el de beneficiario.
Por un segundo, pude darme cuenta de lo incapaces que solemos ser todos, al momento de exigir un poco de respeto, para brindarlo igualmente con el mismo desinterés que nosotros lo solicitamos. Que mientras seamos nosotros quienes salten la tranca, no hay bronca: encontramos nuestras acciones como fruto de una honrosa excepción o de un derecho que nos coloca por encima de los demás. Y sin embargo, no dejamos pasar mucho tiempo para tornar a denunciar, señalar y reclamar a los demás cuando realizan exactamente las mismas atrocidades, resultado de lo que calificamos como la peor de las injusticias. Que en resumen, no somos otra cosa que un matojo de chillones: mariquitas peleando por el momento en que nos toque a nosotros hacer sonar la sonaja. No hemos madurado un gramo.

Supongo a la vez que, a pesar de que sí hay gente más jodida que otra, todos estamos pensado en acabar con los demás. Aplica a ciclistas, automovilistas, minusválidos, peatones…, en general, sólo nos preocupa salir avantes de entre la masa, y a veces, a través de los actos más viles. Por ello decidí modificar un poco el trazo y cambiar el nombre, además de añadir el each como una partícula que reafirmara el objetivo: sacar la mejor parte, dejándole a los otros no más que despojos.

– – – –

El respeto es posible

En un inicio, quien no está acostumbrado a respetar sentirá comezón después de intentar hacerlo, ganas de imponerse, ganas de demostrar que el derecho es primero de él y luego de los demás; existirá una sensación física en su cuerpo, como una presión muscular al frenar el acto de gandallismo; por eso es difícil ser respetuoso en un inicio.
Sin embargo, quien está convencido de que el respeto es la mejor vía para llevar a delante la convivencia entre las personas, luchará como cuando se lucha para controlar cualquier otro vicio y con el tiempo se dará cuenta que cada vez le resulta menos difícil respetar.

Otro problema con el ejercicio del respeto es creer que éste sólo es válido y necesario cuando se realiza en frente de las personas, es decir, la figura del respeto sólo parece materializarse en la realidad para el sujeto que lo concede pero pocas veces logra verlo como una aspiración. Ejemplos es esto existen varios pero me quedaré en un par de los más concretos:
a) Subir el volumen más allá de lo que podría soportarlo tu madre (lo que quiere decir que estarías molestando también a tus vecinos)
b) Dejar las zonas de recreo convertidas en un muladar (en cuanto alguien más llegue a “divertirse” al sitio, persuadido ante el desorden, creerá que lo correcto es dejarlo igual o peor).

Bajo este esquema, concebimos el reclamo de los otros como exagerado, como inválido puesto que, al ser incapaces de imaginar, nos resulta inconcebible que el otro exista fuera de nuestra realidad y más aún: que lejos de nuestra jurisdicción, el otro aún merezca justicia.

Quizá también sea necesario poseer un poco de imaginación.

Aquí escribí algo con respecto al respeto que exigen los ciclistas:
http://carfree.mx/mx/?p=1065#comment-282

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