Destrucción de un corazón (En silencio)


600*900. Illustrator. 2011

—Con el paso del tiempo te das cuenta que… dos, tres ondas son pura farolada.

“Sé que no soy tan infeliz como lo parece, pero no me interesa hablar de ello a menudo”.

“Acepto que mi caso refiere al de alguien sumamente feliz y afortunado; pero eso parece vender muy poco”.

“La atención que merezco es proporcional a la infelicidad que demuestro”.

“He decidido abrir una cuenta de Facebook, ¿sabes? claro, sólo para estar en contacto”.

+ = + = +

Hay vidas tristes que despiertan en quien las contempla, la piedad. Por otro lado, se vive tan en presencia de existencias mediocres que su proximidad suscita el asco.

Al tomar por poco digna la felicidad común —yo la denomino, paz operativa— miles de personas comunes y corrientes se lanzan tras la vida del artista sin una sola pizca de talento.

No es mas desgraciada la vida de un individuo sin suerte que la exposición de esa vida a manos de un tipo sin talento.

La gente que prefiere contemplar el hundimiento de otro para sentir que todavía hay tiempo antes de tocar el fondo, no es más feliz que la que pasa días enteros hablando de cuán desgraciado es.

La desgracia ajena atrae a los desgraciados por mimetismo, a los afortunados, por morbo, a los artistas por inspiradora y a los abogados, por dinero.

La desgracia atrae a la desgracia, eso es lo que te ha impedido salir de allí.

Lamentablemente, no sufres tanto como crees.

Darbo

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