Vacío


Poli in front of her empty dish. 276*207. Photoshop. 2011

Una bella letra
emergiendo de un gallardo puño;
los conozco a todos
manada de chacales.

– – – – –

Sobre la loma
En la llanura
Bajo la laguna
Los ojos no esperan.
Sobre el tema
En concreto
Bajo presión
Los sentimientos no consideran.

– – – – –

Je suis l’ombre.
Je suis la bougie aussi.
Je suis la voix
et le mystère
qui fête il silence de mort
autour de toi quand…
ta plaisanterie
laisse tous avec
leurs circonspect regard.

– – – – –

La serie del escritor y la escritura

(1)

El escritor se ve circunscrito a hablar conforme a lo que lo limitan sus emociones, a veces, sin siquiera lograr concentrarse en un tema de su verdadero interés. Sólo comienza, sin un plan concreto enfila una letra después de la otra y luego palabras; palabras, palabras, palabras, en un recorrer que por lo general se aleja rotundamente de su centro.

A través de la escritura, el que la lleva a cabo comienza a explorar.

– – – – –

La serie del escritor y la escritura

(2)

Así como la ligera variación de un solo grado puede hacer derivar la travesía en muchos kilómetros, el entremetimiento de una sola palabra anómala puede torcer el sentido de una idea hasta el grado de llevarla a su postura contraria sin que el escritor haya logrado darse cuenta del triste sucedido.

La intromisión de una palabra poderosa en el planteamiento de una idea puede derribarla por completo, tanto en el grado de su interpretación como en el de su exposición. Incluso, al momento de exponerla a través de un ejercicio de escritura, puede llegar a perderse del todo la idea original, ya concebida y repasada mentalmente.
Alguien puede quejarse de la redacción en este último enunciado: “idea concebida mentalmente”. Dirá y creerá con cierta razón que las ideas sólo pueden concebirse en la mente, y desde ahí proyectarse, no obstante, le bastará un poco para darse cuenta que en múltiples ocasiones la idea se concibe afuera, y la mente sólo canaliza el impulso, tratando de volverlo coherente, tratando de capitalizarlo, de “entenderlo”. Como ejemplo de esto repaso el primer párrafo: el escritor pudo haber concebido una idea o el numen de ella en su cabeza y, al momento de materializarla en un juego de enunciados, sentirse interpelado por lo que ve, por: “las letras que ve”, las “palabras con las que escribe” y entonces, consciente o inconscientemente, atraído a virar del sentido original.

Pudo haber querido escribir
“… y cayó repentinamente sobre una gruesa raíz del árbol…”
pero, por una distracción, haber llegado, como sin querer a esto:
“… y cayó repentinamente bajo una gruesa raíz del árbol…”
Instándolo el enunciado sin querer, a modificar el devenir de la historia:
“…y, una vez ahí, como víctima de una cruel casualidad, al girar para reincorporarse, sus ojos dieron con un papel semioculto en la cuarteadura de la misma…”
Dado que no es lo mismo caer sobre la rama que debajo de ella, y dado que es posible y más plausible, literariamente hablando, encontrar algo “escondido debajo”, que “dejado sin querer sobre”… podemos inferir que un leve cambio en la utilización de las palabras pueden inducir una modificación mayor en el planteamiento y recepción de la idea escrita.

No obstante, ya fuera que el escritor decidiera preferentemente dejar a su personaje “encontrar algo…” que “toparse por casualidad con…” en sus manos estaría la posibilidad consciente de decidir, más que el mensaje, la personalidad de su historia y sus personajes, sin embargo, debilidades del genio le llevan circunstancialmente a tomar un sendero insospechado en la exposición de su idea.

En el ejemplo, si el papel fuera encontrado en su escondite, nos remitiría a cierta personalidad específica tanto de quien lo encuentra como de quien lo oculta: ambos personajes determinados que luchan por modificar su realidad alterando conscientemente el entorno y su circunstancia: uno, busca deliberadamente ocultar, el otro, desentrañar. Por otro lado, si el encuentro con el papel llegara a darse por casualidad “sobre la rama” el que se topara con él y el que ahí lo hubiera dejado olvidado retratarían personajes blandos a merced de la casualidad, infiltrados en una trama chapucera y pueril.

Incluso, puede ser que, en un principio, el escritor sólo hubiera deseado hacer caer a su personaje sobre la rama de manera alegórica más que circunstancial y lo que al principio pretendía ser una magnífica figura poética —supongamos que tras la caída el personaje cayera en cuenta de toda su realidad— de pronto, al verlo debajo de la rama, decidiera echar a andar el incidente para propulsar la historia en el sentido que ahora le propone el hallazgo del papel debajo de ésta y… así comenzar a alejarse de la idea original, modificando el planteamiento de una historia de corte existencial para convertirla en un libreto de persecuciones, mentiras y hallazgos.

– – – – –

La serie del escritor y la escritura

(3)

Escribir no es difícil. Llenar páginas y páginas de un amargo sabor continuo, repetitivo, en ocasiones con visos indisimulables de falsedad. Escribir porque sí, escribir porque no, escribir porque si no, cómo llega el escritor a ser lo que dice ser. Ser escritor no implica escribir de algo en sí, ni siquiera hacerlo bien; suficiente es tener a mano un puñado de palabras y contar con algo de tiempo disponible para ir uniéndolas con el orden o desorden que se tenga en gana; tiempo para echar a perder. Basta con poseer casi sólo voluntad y también poco —o muy poco— respeto por sí mismo y por los demás. Ser escritor es como ser en la mayoría de los casos amontonador: no existe un requisito mínimo necesario, como tampoco lo existe para ser pintor y muchos otros pintores lo demuestran: sólo cambian de herramientas mientras ejecutan persistentemente su labor como amontonadores. Otros más son los investigadores académicos, pero con ellos sí hay problema, porque rara vez investigan algo, por lo general sólo leen —cuando leen—, pues existe la posibilidad que tampoco hagan eso, en su caso, los hay aquellos que gozan poniendo a alguien a leer, alguien que se convierta a su vez en su amontonador de cabecera: tablas y tablas rebosantes de material para archivar dejándolo pudrirse como nuevo en las estanterías de las bibliotecas escolares.

2 responses to “Vacío

  1. Iliana 29/08/2011 at 17:35

    Guapísima esa Poloncha. Saludos Darbo, de Doña Herminia Guardagujas.

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