Static Ape (/nd further)


700*300. Illustrator. 2007

Si te has dado cuenta lo difícil que resulta convertirse en experto de uno tema o, precariamente posible, de dos, estarás de acuerdo que hablar como tal sobre un tercero —del que apenas tienes noticia—, no es precisamente lo mejor.

El experto debe saber que lo que sabe es casi exclusivo de él; no pocas veces, resultado de una ardua atención, una capacidad de discernimiento poco abundante entre los hombres, un tanto de sagacidad, inteligencia y aspiración de superioridad. Esto lo vuelve un ser singular y escaso, digno de consideración y, en ocasiones, objeto de cierta devoción. Entonces, si el experto es capaz de detenerse un poco a contemplar su unicidad por un segundo, debería ser capaz de comprender por qué es necesaria la paciencia para integrar a otros en su sabiduría.

No todos merecen consideraciones.

Después de repetir el mismo concepto en varias ocasiones, de una forma, de otra y de otra más, comienza a actuar en nuestra alma otro matiz del mismo talento que nos orilla a la instrucción de los otros: el que nos orilla al desprecio y el sarcasmo, al escarnio y la humillación.

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