Rebirth


600*600. Illustrator. 2011

Leo mis escritos anteriores, encuentro frescura, escarnio, insensibilidad por lo que pudiera ocurrirle al otro y eso está bien, eso denota juventud, y eso me reanima.

Ahora mismo, mientras el café resbala por mi garganta y siento el desenvolvimiento viscoso de una horda de zombies a mis espaldas, una marejada de energía me sacude, un espíritu cínico me ocupa y todo es poco menos que diversión.

Las ideas y el supremo placer de pensar reactivan el candor de mis esperanzas, la llamarada está a punto, no hay nada qué calibrar.

Ánimo burlesco. Mientras conduce camino a su trabajo, se lamenta de que los ricos sólo pisen el acelerador a fondo en la carretera, cuando salen de vacaciones.

El rico —hoy en día calificado como “el empresario”— no encuentra ninguna razón para acelerar su automóvil a menos que se encuentre en una carretera y busque algo de diversión forzando las capacidades de su juguete aerodinámico.

El rico no tiene prisa: o ha madrugado, o el llegar tarde no tiene importancia.

La alta velocidad de los automóviles dentro de las ciudades es sinónimo de pobreza.

El rico sólo acelera cuando lo que está de por medio es su encuentro con la diversión.

¿Quiénes son aquellos que atestan las calles entre 7:30 y 10:00 de la mañana, y luego de 6:00 a 8:30 de la noche? pobres asalariados víctimas de la desesperación, ansiosos por ocupar su sitio de producción frente a una máquina.

¿Quiénes son aquellos que atestan las calles entre 7:30 y 10:00 de la mañana, y luego de 6:00 a 8:30 de la noche? pobres asalariados víctimas de la desesperación, ansiosos de ocupar el sitio que le da sentido a su despertar.

La mayoría de los asalariados carece de la capacidad para vislumbrar esta verdad: ellos no son nada, y su diario despertar para ir al trabajo es lo máximo de sentido que podrían encontrar en sus vidas.

Fuera de su trabajo, la gran mayoría de los asalariados están condenados a no ser nada.

El rico no tiene prisa: ha comprado su capacidad para disfrutar el tiempo.

Fuera de su imperio, hay ricos condenados a no ser nada.

Aquel que ha acumulado grandes cantidades de dinero y sin embargo no ha alcanzado la capacidad de disfrutar el tiempo, es un pobre miserable que resulta más peligroso con dinero que sin él y nadie debería envidiarlo.

Imaginad el placer que atraviesa por los ojos del rico al traspasar los umbrales de su imperio y contemplar, cuasiextasiado, a la horda de zombies con los que cuenta para llevar a cabo hasta su más mínimo capricho.

Poneos en los ojos del rico al llegar a vuestro desdichado empleo: contemplad con ojos maravillados a la horda y sentid por un momento que todos ellos están allí para y por vosotros, prestos a cumplir hasta el más mínimo de vuestros caprichos.

El rico no llega tarde: ha comprado su omnipresencia, y la voluntad de aquellos subalternos que vigilan el correcto cumplimiento de cada uno de sus deseos.

No tolero a quien evade hasta el esfuerzo de emprender aquello que le gusta hacer.

Existen seres despreciables que carecen del más mínimo respeto por aquello que aman.

Quizá, a fin de cuentas sólo es envidia lo que siento por aquellos que son capaces de no hacer ni siquiera lo que aman hacer.

Siempre hemos pedido que sea le rico quien entre en los zapatos del pobre y se ponga a contemplar la profunda desigualdad que existe en el mundo. ¿Por qué arrastrar a nuestra miseria a aquellos que de alguna manera han podido escapar de ella?

¿Por qué resulta peligroso aquél que cuenta con dinero pero carece de la capacidad para disfrutar de su tiempo? Dado que cuenta con los medios suficientes para esclavizar a otros a su misma condición.

Miseria del rico. Esclavizar a otros a su incapacidad para disfrutar el tiempo.

Miseria del pobre. Creer que el rico debería sufrir su pobreza.

La meta de los medios de difusión creados por los ricos está encaminada a hacernos despreciar la plenitud o verla como algo remotamente alcanzable. De la misma manera, orienta nuestra perspectiva a despreciar la vagabundez, dado que son los vagabundos una de las pocas especies que han sido capaces de escapar al influjo de la oferta y la demanda.
En cuanto el ser humano alcanza la plenitud o cierto grado de la llamada paz espiritual ya no necesita nada, y eso es lo que trata de evitar el empresario, el comerciante, el que vive de la necesidad de los otros.

¿Qué lleva a una persona en bancarrota al límite del suicidio? La idea es avasalladora, y más cuando se considera que la víctima en ocasiones representa a “un emprendedor”. Las razones comunes a tener en cuenta son: debilidad, hartazgo y un profundo conocimiento de que aquello no fue fácil y quizá, incluso el resultado fue producto de una verdadera tortura que al final no valió la pena.

Las energías menguadas, el pensamiento de “seré incapaz de lograr esto otra vez” son el principal ingrediente para depositar una bala en la sien de alguien que ha tocado la bancarrota. Otros de estos aderezos son las siguientes sentencias: “La tortura por la que pasé para lograr lo que ahora he perdido no fue justa”, “todo lo que tuve sólo sirvió para volverme el ser miserable que ahora soy”, “me descubrirán a fin de cuentas”, “los medios chapuceros a través de los cuales logré mi fortuna ya no existen”, “ha desaparecido el cobijo de aquello que, a pesar de mis serias incapacidades, me ayudó en su tiempo a lograr la ahora extinta fortuna que llegué a amasar”, “nunca supuse que me engañaría con él/ella” siendo éstas las razones que un falso “emprendedor” para despedirse de este mundo, todas las restantes mantendrían con vida a la víctima orillándolo a reconquistar lo perdido.

Saludos!

Darbo
Terminarás haciéndolo. Hazlo bien desde el principio.

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