Adorno para silla II (Respaldo)


215*104. Illustrator. 2009

¿Quién tendrá el tiempo de sopesar la utilidad de esto?

… La solución parecía más complicada que el problema.

X hace uso de su distintivo tono al hablar como si se tratara de un arma.

Ejercicios intimidatorios. El habitante de la ciudad X se encarga de obtener sus objetivos no mediante la negociación si no a través de la intimidación, donde su peculiar acento al hablar se convierte en su primer gesto amenazador.

El “meneado” acento de X denota principalmente tres cosas: flojera, reclamo, amenaza.

Cuando habla, X deja claras principalmente tres características de su forma de ser: proclividad a la victimización, altanería y chabacanería.

X gusta de señalar la falta del otro, no acepta ni tolera ni sabe absorber ninguna falta, dejar pasar nada, X es… el cliente por excelencia.

A través de su acento, X busca establecer una jerarquía frente a quien habla, asumiéndose a sí mismo como el integrante dominante en la ecuación social.

X posiblemente no se queje a las claras, para eso le basta esgrimir su peculiar acento al hablar.

El acento del habitante de la ciudad X. Un acento altanero que presume chingonería a la vez que se prepara para abanderar el reclamo de una víctima desprotegida.

Como fiera agazapada, X se dirige a su interlocutor tras de la roca que es su acento, intimidándolo a la vez que escondiéndosele.

El acento X. Fiera herida agazapada tan pronta para defenderse como para atacar.

Ventajas del ser X. Alto grado de compromiso para consigo mismo. Mientras que no se proponga nada, X es una roca inamovible de negligencia, pereza e indiferencia, sin embargo, al activar su mecanismo de compromisos puede convertirse en el peor asesino, el artista más comprometido, el mejor y más hábil negociador, el mejor padre… la ventaja primordial del X frente a sus pares provincianos radica en su incapacidad para las tibiezas o los matices.

T en general suele ser tan templado como el clima de su región, convirtiéndose esta característica en el catalizador de su principal proclividad: hacia la mediocridad, la frecuente renuncia ante los propósitos y el desinterés absoluto por demostrar.

T confunde comúnmente la buena educación con el servilismo; en ocasiones también con la hipocresía.

El don de gentes característico de la sociedad de T es la lápida que cubre pesadamente su voluntad para imponerse.

T o “J”, cuenta por principal característica y defecto su poca fiabilidad, el alto grado de desconfianza que debemos sentir ante su amabilidad y la poca estima que debemos tener por su amistad.

Ante X, T suele aparentar ser más honorable, sin embargo, su honorabilidad suele no servir de mucho cuando se trata de solicitar su apoyo.

Diría yo que X es chillón, pájaro nalgón y un atacante en grupo. T, por otro lado, suele atacar a deshora, a solas y por la espalda, siendo incapaz de borrar su estúpida sonrisa mientras victima a un adversario que pocas veces se entera del rol que desempeña.

T prefiere antes el gesto de amabilidad que la respuesta oportuna.

A T le basta con que se le trate amablemente.

T antepone el valor de lo que él considera “buena educación” a una negociación que el de una fría respuesta correcta, ya fuera positiva o negativa.

A T no le interesan los resultados, le basta con ser amablemente tratado.

T encuentra en la crudeza de una respuesta seca y concreta la concentración de todo lo despreciable.

T se considera a sí mismo una zorra astuta, capaz de seguir ganando incluso cuando parece estar perdiendo desde hace mucho.

T no gana, puesto que la cifra de lo que gana es mucho menor mientras mantiene su perfil perdedor en vez de demostrar claramente sus victorias —que en la actualidad deben ser tan pocas.

T se dice a sí mismo chingón, por ciertos valores que cree poseer como herencia de su región, no obstante, no lo piensa dos veces cuando se encuentra con un par extranjero: automáticamente asumirá la posición “a gatas” y cerrará los ojos sin dejar de esbozar la sonrisa que, considera, esbozaría la mejor prostituta realizando un “buen trabajo”.

T es en suma un complejo tejido de lo qué el considera “buenas costumbres”: una suma increíble de incoherencias y morales torcidas además del ejercicio más podrido y accidentado de convivio social qué él mismo a llegado a denominar como “relaciones sociales” encaminadas a mantener 3 cosas en el lugar más alto: su religiosidad, la preservación de los poderes dominantes y su posición ante la sociedad.

X prefiere la confrontación, T la estrategia, lo que ninguno de los dos posee es un sentido, una idea concreta de qué pasará una vez que se encuentre en posición de dirigir.

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