Desconcierto de rostros (Un homenaje)



704*450. Illustrator/Pen Drawing.2011 Llegamos a encontrarnos en el doloroso punto donde la vida se transforma en algo más… o algo menos, y lo peor es que por más que buscamos, no logramos entender cuál es la lección que nos deja ese enorme suceso.

Comencé Desconcierto de rostros mientras esperaba a alguien, justo después de recibir una llamada: “Tu tía está muy mal… ¿ya fuiste a visitarla?”. No supe cómo tomarlo, apenas en octubre nos habíamos visto y todo parecía marchar como de costumbre —de acuerdo, sólo un imbécil no podría haberse dado cuenta de esa extrema delgadez que no era para nada normal— y su humor había sido tan menudo que no teníamos por qué sospechar nada grave. Ese mismo día murió.

Estuvimos juntos en el hospital mucho más tiempo de todo aquel que llegamos a estar mientras pudimos hacerlo. Claro, siempre el mismo reproche, la misma falsa contrición. Nadie vería ningún problema en que después de una sana reflexión aparecieran las letritas que vienen de arriba hacia abajo de la pantalla y la película terminara y todo fuera felicidad en lo venidero: un sobrino transformado, alejado de su… no tengo ganas de escribir y creo que se puede notar: muchas palabras para decir tan poco, por eso prefiero la pintura en este caso.

El ejercicio del dominio debe ser continuo y repetido.

No existe tarea que se llegue a dominar sin la constancia.

Cuando creas que has llegado a dominar cualquier cosa, detente un poco y considera: ¿es suficiente el tiempo y la atención que he dedicado a este ejercicio?, ¿acaso no estoy pretendiendo cosechar en un terreno aún inmaduro? Si las respuestas a ambas preguntas resultan satisfactorias, entonces guárdate tu concepción de dominio en la boca y deja que tu labor haga el resto.

No se puede llamar a nadie maestro si éste no se hace acompañar por la humildad que debió haber aflorado en él durante sus años de aprendizaje.

Sin embargo, nadie que se considere a sí mismo un verdadero maestro debe esperar llegar a ser comprendido, o cuando menos valorado.

Es en un contexto donde no se favorece el reconocimiento a la labor de las personas donde suelen aflorar los destellos impactantes del genio solitario.

Es más brillante el ascenso del genio solitario dado que éste ha tenido que luchar incluso contra las fuerzas que se han pronunciado a su favor.

El trabajo en equipo no tolera la gracia de un buen resultado izado en voz de su creador.

El trabajo en equipo no tolera la concentración superior de ninguno de sus integrantes.

El trabajo en equipo ve a mal el esfuerzo superior de uno de sus integrantes.

El consenso es la tara en el resultado obtenido del trabajo en equipo.

Mi palabra contra Henry Ford y la supuesta anécdota del restaurante.

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