Monster


600*600. Illustrator. 2005 Muchas palabras. Monster comenzó con un estilo del que no he querido alejarme mucho. Una tumba y un útero. Cuando lo vi terminado pensé en él más como un mural que como un cuadro. Lo imaginé para una sede de la UNESCO, no sé a ciencia cierta por qué, pero estoy seguro que ése es su verdadero lugar.

La destrucción que deja la guerra y la pasión que ésta desata, las posibilidades que crea tras de sí, la reformación del ser humano y su renacimiento como género están esbozados. Después de una gran guerra, la humanidad parece buscar un descanso de eso, un receso de poco tiempo quizá —y quizá puede ser que el periodo de entreguerras sea una cosa ingrata también— y un lapso para el arte, la contemplación del hombre de sí mismo como un monstruo por un lado, y por otro, el excesivo positivismo y la esperanza de un cambio perdurable, el giro hacia las cosas insignificantes, la revaloración del aspecto natural en el paisaje y la celebración de la vida como uno de los actos más asequibles. El hombre se replantea, pero a veces, su propio temor se encarga de mantenerlo fuera de cuadro como un accidente innecesario.

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